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Mossos y Guardia Urbana dan un vuelco a las políticas de seguridad en Barcelona

La seguridad es mucho más que todas las cifras que a final de año comparamos con el anterior para determinar si suben o bajan los delitos y el número de detenidos. La caída a prácticamente la mitad de todos esos números como consecuencia de la pandemia sanitaria ha permitido a los máximos responsables policiales de la Guardia Urbana y de los Mossos d’Esquadra de Barcelona trabajar en el nuevo modelo de seguridad que necesita la capital catalana. Un concepto que a la fuerza es transversal y en el que tienen más que nunca voz arquitectos, diseñadores del espacio público, servicios sociales y gestores de las políticas de igualdad, entre muchos. Una seguridad que se quiere estructurar a partir de un nuevo sistema de trabajo coordinado entre las dos principales policías que trabajan en la ciudad: los Mossos y la Guardia Urbana.

La colaboración entre ambas organizaciones está reglada en un viejo convenio que se firmó hace 15 años cuando la policía catalana aterrizó en Barcelona. Mucho ha llovido desde entonces, nada es ya como se describe en aquel documento y, pese al tiempo transcurrido, no hay manera de que los distintos políticos que han estado al frente de ambas organizaciones policiales logren un acuerdo de mínimos para renovarlo.

Visto lo visto, han sido los uniformados los que en estos últimos meses han empezado a trabajar con silencio y empeño en las bases que han de sentar esa nueva realidad policial, en la que la Guardia Urbana y los Mossos pretenden compartir más que nunca responsabilidades y funciones.

Para entender la dulce relación que mantienen en estos momentos los responsables de las dos organizaciones policiales hay que irse un año atrás. El 17 de diciembre del 2019 la alcaldesa Ada Colau dio el visto bueno a la propuesta del teniente de alcalde de Seguridad, Albert Batlle, de elegir al intendente mayor Pedro Velázquez nuevo jefe de la Guardia Urbana. Su elección, tras demasiados años perdidos sin liderazgo al frente de la policía municipal, significaba apostar por el sector de mandos que defendían una Guardia Urbana que asumía sin complejos su función de ser la policía de los barceloneses, colocando al ciudadano en el eje vertebrador de toda su acción y sin renunciar a nada. Una Guardia Urbana que, por poner un ejemplo, si tiene que elegir, elige una patrulla uniformada en una calle del Raval antes que una pareja de policías paisano esperando detener in fraganti al ladrón de un móvil.


Denuncias en la policía municipal


Pedro Velázquez apenas lleva un año al frente de la Guardia Urbana, muy poco para ejecutar el ambicioso proyecto que junto a su equipo tiene en la cabeza, pero el suficiente para dejar claro dentro de su organización por dónde irán las cosas. Y no está resultando nada fácil.

Las labores de investigación han sido uno de los más duros escollos entre los Mossos y la Guardia Urbana. La policía catalana tiene las competencias, pero en los últimos tiempos creció cada vez más una unidad de investigación en la policía municipal que, aprovechando la ingente y buena información que los guardias obtienen de su día a día en la calle, fue ocupando un espacio que por falta de personal no llenaban los Mossos.

La Guardia Urbana de antes trató de consolidar sus labores de investigación, que ya en su momento se dieron de bruces contra la negativa de los Mossos. Tras un largo periodo en el que las relaciones entre las dos policías pasó por uno de sus peores momentos, poco a poco se empezaron a trabajar investigaciones conjuntas que terminaron integrando a un grupo de guardias urbanos en la estructura de investigación de las comisarías de los Mossos de Ciutat Vella, el Eixample y Sant Martí. Hace un mes que esos guardias urbanos abandonaron las unidades de investigación de los Mossos y han regresado a sus grupos en la policía municipal. Ese modelo de trabajo no encaja en los planes de las nuevas prioridades policiales de Barcelona.

Velázquez no renuncia a la investigación, pero sí ha puesto como condición a sus guardias urbanos que lo que se investigue ha de tener una afectación directa en la vida de los barceloneses. En caso contrario, el asunto se traslada a los Mossos. Y hay algo más. De un tiempo a esta parte, el intendente responsable del área de investigación de los Mossos de Barcelona tiene hilo directo con el de la Guardia Urbana y está al día de todos los casos que instruye la policía municipal. Ambos responsables deciden si ante un determinado asunto se crea un equipo conjunto, si continúa en manos de la Guardia Urbana o no se toca nada porque hay otra unidad policial centralizada que ya está sobre el tema.

Absolutamente nada del nuevo sistema de trabajo que se está modelando para Barcelona sería posible sin la complicidad personal y profesional que protagonizan Pedro Velázquez y el comisario jefe de los Mossos de Barcelona, Carles Anfruns. Cuando el mayor Josep Lluís Trapero recuperó el mando de la policía catalana pensó en llevarse a Anfruns a la jefatura, pero finamente decidió no arriesgarse a desvestir una región que en los últimos dos años prácticamente ha caminado sola y que ha logrado un nivel de complicidad con la Guardia Urbana que hacía tiempo que no existía.

Anfruns, como Velázquez, sabe que este año recién estrenado les seguirá regalando una tregua en cuanto a actividad policial. Los turistas tardarán en llegar en las cifras a las que Barcelona estaba acostumbrada y, sin ellos, los delitos seguirán en niveles bajos respecto a tiempos anteriores a la pandemia. Por eso, en estos próximos meses ambos aprovecharán para mejorar la atención al ciudadano, recolocando al barcelonés en el centro de su acción. Y eso pasa por ampliar las oficinas de atención al ciudadano, las de ambas organizaciones, disminuir los tiempos de espera cuando se acude a presentar una denuncia o plantear un problema y mejorar la complicidad y la confianza del ciudadano en sus policías.

La Junta de Seguridad, tras las elecciones

Costó como siempre cuadrar las agendas, pero ya se había conseguido cerrar una mañana de finales enero para celebrar la Junta de Seguridad de Barcelona, una reunión a la que regresaría el mayor de los Mossos d’Esquadra, Josep Lluís Trapero, y en la que se iba a estrenar el conseller de Interior, Miquel Sàmper. Pero la fecha del 14 de febrero elegida para celebrar las elecciones autonómicas limitaba mucho la capacidad del titular de Interior para intervenir en la rueda de prensa posterior, y se ha optado por aplazar la cita sin fecha. Iba a ser una reunión importante que pondría de manifiesto el buen momento de las relaciones entre las dos organizaciones policiales de Barcelona. Una coordinación que se ha visto fortalecida con la vuelta de Trapero. La semana de su regreso y el mismo día que visitó a los responsables de la Policía Nacional y la Guardia Civil en Catalunya, el jefe de los Mossos mantuvo un encuentro con el intendente mayor Pedro Velázquez, al que visitó en su despacho de la Guardia Urbana. Trapero y Velázquez apenas habían coincidido antes del 2017, pero el gesto sirvió para inaugurar una vía de reconocimiento mutuo y confianza.


Fuente: La Vanguardia


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